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domingo, 17 de marzo de 2013

BIOGRAFIA DE LOU CARRIGAN(ANTONIO VERA RAMIREZ)

Lou Carrigan: el último escritor duro
vamos a comenzar con uno de mis escritores favoritos lou carrigan,seudonimo de antonio vera ramirez,solo pensar la cantidad de  horas
que pase leyendolo,la infinidad de paginas que me absorbian con su lectura y los recuerdos que me hacen retroceder en el tiempo mas de 40 años me pone un poco melancolico,pero bueno,vamos a tratar de poner algunas portadas de sus mas famosas novelas y si alguien quiere las novelas en digital que me las pida.

Más de 1.100 obras conforman el legado de este grande de la novela de quiosco, seudónimo del barcelonés Antonio Vera Ramírez que en 2009 ha cumplido sus bodas de oro literarias. 


Responsable de sus actos

Antonio Vera Ramírez tiene tres cuartos de siglo de vida, pero el álter ego que le dio fama en todos los quioscos de España y América Latina acaba de cumplir el medio siglo: Lou Carrigan comenzó a publicar hace cincuenta años, concretamente en marzo de 1959, cuando salió a la luz su novela del Oeste Un hombre busca a otro hombre. Mil novelas y ochenta obras diversas después (esoterismo, divulgación, biografías…), Vera y Carrigan celebran sus bodas de oro. Y ambos se entienden como desde el primer día.



Antonio, o Lou, es uno de esos escritores que apenas guarda distancia con el tipo de material que escribe: al contrario de los autores que ocultan su hipersensibilidad tras el cultivo de la literatura de evasión, él cree en el esfuerzo físico (es cinturón negro de judo, excelente nadador y un consumado lanzador de martillo) y posee un código moral de lo más diáfano, basado en una premisa sencilla e inflexible: cada persona debe ser responsable de sus actos y, por tanto, aceptar con entereza las consecuencias de éstos (no en vano su filme favorito es El manantial, la adaptación que King Vidor realizara del himno individualista de Ayn Rand). Él se rige por su propio código y a uno no le gustaría ser quien lo contrariara, igual que a ningún malandrín le apetecería cruzarse en el camino de sus héroes de ficción.



Una generación de “Bolsilibros”

Tras el éxito de sus primeras ediciones, en 1962 Antonio abandonó su trabajo en el Banesto para dedicarse en cuerpo y alma a la redacción de novelas de género: aventuras, western, artes marciales, terror… Especialmente, la vertiente policíaca y de espionaje han sido las que han conferido a Lou Carrigan mayor reputación entre sus miles de fans, permitiéndole trabajar para editoriales punteras en aquellos días como Rollán, Bruguera, Petronio, Producciones Editoriales, etcétera.



Carrigan pronto se convirtió en uno de los adalides de aquella generación de autores de “bolsilibros” que teñían sus raíces con barniz anglosajón, aplicado al nombre principalmente: Silver Kane (Francisco González Ledesma), Curtis Garland (Juan Gallardo Muñoz), Joseph Berna (José Luis Bernabeu López)… Las mil novelas de Carrigan han sido editadas a lo largo de un número aproximado de ¡doscientos millones de ejemplares! También ha producido medio millar de títulos protagonizados por un mismo personaje, la letal espía Baby, éxito de masas en la América hispana y sobre todo en tierras brasileñas.



Todo el sexo y toda la violencia

Heredero, también en lo prolífico, de otro maestro barcelonés de la literatura popular, José Mallorquí, Lou Carrigan ha escrito obras que destacan por la desconcertante genialidad de sus títulos: Cariño: este tipo está muerto, El regreso de los pájaros, 300.000 años en globo o “Travesti” en Miami son un ejemplo de hasta qué punto de desenfado creativo se podía llegar en la reconocida novela de a duro, un tipo de literatura que conmina al lector a situarse en lugares míticos del imaginario cultural, como el Grand Canyon de Arizona o la Meridian Avenue de Miami Beach… hasta un sinfín de localizaciones cosmopolitas en las que los autores jamás habían estado, confiando en que el mero poder evocador de sus denominaciones transportaría al lector al emplazamiento deseado. Y así solía ocurrir. Carrigan siempre incluyó además todo el sexo y la violencia que la época, progresivamente permisiva, toleraba, así que sus novelas suelen ganar en ritmo, cinismo y virulencia a las de otros camaradas de teclas.



Novela apreciada, cine escapista

Fabricar una de sus obras le llevaba aproximadamente una semana como mínimo. Sus novelas fueron de las más apreciadas en los años 1960 y 1970, la época dorada del “bolsilibro”, contando con magistrales cubiertas de artistas como Manuel Prieto Muriana, Rafael Cortiella, Antonio Bernal, Salvador Fabá, Luis Montañá Alsina, etc. Incluso varios nombres eminentes del cine escapista más artesanal adaptaron algunos de sus títulos a la gran pantalla: León Klimovsky (No importa morir, historia bélica protagonizada por Tab Hunter y promocionada con el extravagante lema: “¡¡¡La guerra con su terrible fotogenia!!!”), Ignacio F. Iquino (La banda de los tres crisantemos, Un Colt por cuatro cirios), Manuel Esteba (Veinte pasos para la muerte) o Juan Bosch (La diligencia de los condenados, Los buitres cavarán tu fosa), este último firmando con su propia traducción literal al inglés: John Wood.



El leónidas de la costa brava

En cuanto a Carrigan, sigue en activo. Como un veterano Rural de Tejas de sus novelas, intenta adaptarse a los tiempos modernos armado de paciencia y sin echar mano a la pistola a la primera de cambio; sin embargo, estamos ante un panorama cultural donde el best seller ha variado sus formas, incluso sus lectores, y la novela popular de hoy se basa más en intrigas conspirativas, históricas o pseudoesotéricas para mujeres independientes que leen en el metro, antes que en relatos de hombres duros para obreros ociosos, los cuales ya se conforman con su dosis de culebrón diario cortesía del Marca y el Sport.



Antonio es una persona hecha a sí misma, orgullosa de su trayectoria y con un concepto levemente hedonista de la vida, aunque el suyo sea un hedonismo espartano, de la vieja escuela ibera: desde hace más de treinta años, veranea en la Costa Brava, concretamente en la idílica población de Begur. Los ojos acerados escrutan la reacción del interlocutor cuando afirma sin permitirse un solo parpadeo: “No creo ser lo que entendemos habitualmente por un genio; pero tampoco soy precisamente una persona corriente”.



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